Era
verano. Pasamos la tarde por el centro de Gerona caminando por el barrio judío
y sus bellas calles rodeadas de tiendas en las que podías encontrar pequeñas
tonterías y curiosidades, ropa bonita, objetos tecnológicos...
Paseando
cruzamos el famoso puente de Calatrava, entre otros...
Vimos
restaurantes, creperías, tascas variadas. Llegamos hasta el último escalón de
la catedral, donde un turista nos pidió que le tomaramos una foto. Así fui
disfrutando de la tarde con Jordina, andando de arriba a abajo sin
preocupaciones, sin tener nada que hacer, como una tarde de verano. Finalmente
decidimos quedarnos allí a cenar para así terminar el día. Nos acercamos para
ver la carta del restaurante, y en seguida, sin que tuviéramos opción, se nos
presentó el camarero por detrás y con un aire culto nos dijo: “Muy buen
atardecer, les acompanyo a su mesa si me permitís”. Las dos nos quedamos
alucinando ya que sólo estábamos mirando la carta y no habíamos decidido todavía.
No supimos qué decir y lo seguimos hasta que nos asignó nuestra mesa.
A
continuación, nos apartó la silla a la antigua para que nos sentásemos, como un
caballero. Iba trajeado con una pajarita y llevaba su uniforme impecable.
“¿Querrían
algo mientras se esperan a que las sirvan?”, nos dijo. Nosotras, como dos
adolescentes típicas, nos reímos sin parar. Nos trajeron la cena y entonces, el
mismo camarero volvió. Vio que todavía nos estábamos riendo y preguntó: “¿Qué
tengo en la cara que os provoca tanta risa?”. Las dos le dijimos que no era
nada, pero que no estábamos acostumbradas a que un camarero nos tratase con
tanta educación. Estábamos a punto de terminar la cena y todo eran risas. Para
terminar añadió: “¿Os habéis fumado algo?” Creo que nos acabó cogiendo
confianza. Antes de marcharnos le dejamos algo de propina. Le dijimos que
cuando pudiéramos, regresaríamos, y así fue.
Hace
dos semanas volvimos a ir pero no estábamos seguras de que nos reconociera. El
azar quiso que nos atendiera él y nos atrevimos a preguntarle si se acordaba de
nosotras. Su respuesta me agradó ya que nos dijo que por supuesto, que nunca
había tenido unas clientas tan divertidas y que siempre que fuésemos se acordaría
de nosotras.
Fue un
día entretenido e inesperado, ya que nunca me había ocurrido una situación
similar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario