viernes, 26 de octubre de 2012

PASEO TURÍSTICO POR LA CIUDAD

Era verano. Pasamos la tarde por el centro de Gerona caminando por el barrio judío y sus bellas calles rodeadas de tiendas en las que podías encontrar pequeñas tonterías y curiosidades, ropa bonita, objetos tecnológicos...
Paseando cruzamos el famoso puente de Calatrava, entre otros...
Vimos restaurantes, creperías, tascas variadas. Llegamos hasta el último escalón de la catedral, donde un turista nos pidió que le tomaramos una foto. Así fui disfrutando de la tarde con Jordina, andando de arriba a abajo sin preocupaciones, sin tener nada que hacer, como una tarde de verano. Finalmente decidimos quedarnos allí a cenar para así terminar el día. Nos acercamos para ver la carta del restaurante, y en seguida, sin que tuviéramos opción, se nos presentó el camarero por detrás y con un aire culto nos dijo: “Muy buen atardecer, les acompanyo a su mesa si me permitís”. Las dos nos quedamos alucinando ya que sólo estábamos mirando la carta y no habíamos decidido todavía. No supimos qué decir y lo seguimos hasta que nos asignó nuestra mesa.
A continuación, nos apartó la silla a la antigua para que nos sentásemos, como un caballero. Iba trajeado con una pajarita y llevaba su uniforme impecable.
“¿Querrían algo mientras se esperan a que las sirvan?”, nos dijo. Nosotras, como dos adolescentes típicas, nos reímos sin parar. Nos trajeron la cena y entonces, el mismo camarero volvió. Vio que todavía nos estábamos riendo y preguntó: “¿Qué tengo en la cara que os provoca tanta risa?”. Las dos le dijimos que no era nada, pero que no estábamos acostumbradas a que un camarero nos tratase con tanta educación. Estábamos a punto de terminar la cena y todo eran risas. Para terminar añadió: “¿Os habéis fumado algo?” Creo que nos acabó cogiendo confianza. Antes de marcharnos le dejamos algo de propina. Le dijimos que cuando pudiéramos, regresaríamos, y así fue.
Hace dos semanas volvimos a ir pero no estábamos seguras de que nos reconociera. El azar quiso que nos atendiera él y nos atrevimos a preguntarle si se acordaba de nosotras. Su respuesta me agradó ya que nos dijo que por supuesto, que nunca había tenido unas clientas tan divertidas y que siempre que fuésemos se acordaría de nosotras.
Fue un día entretenido e inesperado, ya que nunca me había ocurrido una situación similar.

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